Fundamentos teóricos de la Noviolencia y las Prácticas Restaurativas


Otros enfoques para comprender nuestra realidad
NOTA:
El marco teórico presentado tiene como objetivo contribuir a la interpretación de nuestra realidad mediante el conocimiento científico. No se expone aquí cuál verdades absolutas o descubrimientos definitivos, sino orientándose, en cambio, hacia la propuesta de miradas provisionales entendidas como modelos de comprensión o herramientas de carácter metodológico para el ejercicio interpretativo de la realidad.
Dentro de esta estructura conceptual, las teorías, los paradigmas y los conceptos no se presentan como dogmas o saberes incuestionables. Por el contrario, se plantean como lógicas, estructuras o arquetipos cuya función es dotar de sentido a una experiencia de la realidad que es, por naturaleza, impredecible, inaprensible y se encuentra en una evolución permanente.
Dicho de otro modo, el conocimiento nos permite examinar nuestra realidad presente y, al mismo tiempo, proyectar el porvenir en el que anhelamos habitar. Esta perspectiva se alinea con la noción de "imaginación moral" de John Paul Lederach (2007) , la cual propone trascender las pugnas por verdades absolutas y los intereses particulares. El objetivo es compartir un abanico de conceptos y enfoques que establezcan una marco hermenéutico compartido inicial, que sirva de escenario cognitivo y sensitivo para la creatividad esencial y la imaginación de otros mundos posibles y mejores.
Paz, Noviolencia y Restauración: El conflicto
«Enfoque para comprender el problema »
La pregunta esencial es: ¿qué tanto sabemos realmente sobre la paz? Resulta desconcertante constatar las definiciones tan diversas, confusas y a menudo contradictorias que manejamos sobre los conceptos de paz, violencia y conflicto.
Esta crisis conceptual y teórica podría estar directamente ligada a la dificultad de identificar y nombrar el problema, de comprender los conflictos, de verlos y reconocerlos, lo que a su vez obstaculiza la posibilidad de encontrar vías para su transformación y resolución.
Para alcanzar el núcleo de la paz, su esencia más profunda, es necesario ir más allá de su mera estética, utilidades, aplicaciones. En esta búsqueda de la esencia, descubrimos la filosofía de la paz y, de forma más específica, la ética de la paz. Dentro de este marco ético, se encuentra el concepto de la Noviolencia, uno de los ejes fundamentales que ha sido ampliamente desarrollado y que puede iluminar este propósito.
¿Podemos hablar de paz desconociendo la dignidad de los demás?
La Noviolencia no debe conceptualizarse únicamente como la omisión del conflicto físico o una postura pasiva ante la agresión. Galtung retomando a Gandhi (2007) la define como una fuerza activa y positiva de transformación de conflictos que se nutre de la compasión y el amor, rechazando la deshumanización del oponente. Constituye una opción ética fundamental que busca desmantelar la violencia estructural y cultural mediante medios coherentes con los fines de justicia perseguidos (Sharp, 2005).
Un concepto que se transforma desde la filosofía de la Noviolencia es la justicia, entendida no como un ejercicio retaliativo para "ajustar cargas", sino como un ejercicio restaurativo para "ajustar sentidos" y reparar el daño. Desde esta perspectiva se concibe la justicia restaurativa y con ella diferentes prácticas restaurativas.
Las prácticas restaurativas implican un cambio de paradigma que desplaza el enfoque punitivo centrado en el castigo hacia uno orientado a la reparación del daño. Zehr (2015) argumenta que este enfoque asume que el delito o la violencia quebranta las relaciones y el tejido social, priorizando la responsabilidad proactiva, el diálogo horizontal y la participación de víctimas, ofensores y la comunidad en la búsqueda conjunta de soluciones. Son herramientas pedagógicas y sociales que promueven la sanación colectiva y la restauración de la equidad (Walgrave, 2013).
En el contexto actual, caracterizado por un individualismo atomizador y la primacía del interés propio, resulta urgente trascender la "paz negativa", entendida por Galtung (2007) como la mera ausencia de guerra o el cumplimiento formal de protocolos. La articulación de la Noviolencia y la restauración es imperativa para combatir la indiferencia sistémica que sustenta una paz puramente estética y formal.
Alteridad, Compasión y Cuidado: El otro
«Enfoque para abordar el problema»
Al abordar nuevamente el interrogante sobre el lugar del otro, la noción de alteridad se vuelve esencial en este enfoque. El otro deja de ser un componente pasivo del entorno social para convertirse en una presencia que cuestiona nuestra propia existencia, actuando como un espejo que nos interroga: "¿Quién eres?". Levinas (1979). sostiene que el rostro del otro trasciende la dimensión física para revelarse como una alteridad infinita. Esta presencia interpela nuestra comprensión y nos demanda una responsabilidad ética absoluta, constituyéndose en un imperativo que imposibilita la indiferencia frente al dolor ajeno.
Las investigaciones en la fenomenología de la paz subrayan que el vínculo con los demás es un componente esencial y obligatorio de nuestra existencia. A través de sus análisis sobre el concepto de "lo extraño", el pensador alemán Bertrand Waldenfels (1998) nos invita a reconocer esta dimensión del conocimiento existencial. La presencia del otro no es una simple coexistencia; es una realidad de la que no podemos apartarnos ni suprimir, pues nos antecede y fundamenta. Como lo expone en su máxima: “Respondo luego existo”. Existimos fundamentalmente en relación con esa alteridad, la cual es indispensable para nuestra propia constitución al brindarnos estructura, límites, propósito e identidad y otras características más.
No es simplemente la intención de admitir la dignidad del otro, sino el modo en que logramos conferir un lugar legítimo a esa dignidad. Jacques Derrida, referenciado por Madrid (2008), examina el reto de coexistir con la diferencia mediante el concepto de la Hospitalidad incondicional. Esta noción plantea una alteridad radical que busca otorgar un espacio vital al extraño, permitiendo así trascender el propio egoísmo y establecer las bases de una justicia auténtica.
Esta visión de la acogida del otro encuentra un eco fundamental en la ética del cuidado, la cual sostiene que el juicio moral no debe regirse por normas abstractas, sino por la contextualización de las situaciones específicas y la valoración del afecto. Así lo planteó Gilligan (1995) en su crítica a las teorías tradicionales del desarrollo moral. Al legitimar sentimientos como la empatía y la compasión como valores necesarios en la comprensión de la justicia, se establece una responsabilidad relacional dedicada a la protección de los más vulnerables y al mantenimiento de los lazos afectivos. Este enfoque, -que posteriormente fue desarrollado en las segunda y tercera ola de la corriente feminista por otras autoras como Annette Baier, Virginia Held y Joan Tronto-, ayudo a romper sesgos históricos patriarcales, otorgando visibilidad y dignidad a las labores de cuidado que las teorías de la justicia convencionales solían omitir.
Aquí aparece uno de los conceptos más importantes y al mismo tiempo polisémicos: El amor, lejos de reducirse a una afectación puramente privada, opera como una fuerza teórica y práctica indispensable para la edificación del sujeto y del lazo colectivo. Desde la psicología humanista, Fromm (1956) define el amor como un arte y un poder activo que rompe el aislamiento humano a través del cuidado, la responsabilidad y el conocimiento mutuo, constituyendo una capacidad interna que expande la potencia constructiva y creadora del individuo. Esta afirmación encuentra un correlato sociológico en la teoría del reconocimiento de Honneth (1995), quien postula que el amor —manifestado en los vínculos afectivos de cuidado— es la primera esfera indispensable para la socialización; sin la seguridad y la autoconfianza básica que este lazo proporciona, el sujeto carece del soporte intersubjetivo necesario para integrarse y participar en la construcción de la sociedad.
Esta necesidad de interconexión afectiva es trasladada al diseño macro político por Nussbaum (2013), al sostener que las estructuras democráticas y justas no pueden sostenerse únicamente mediante leyes racionales abstractas, sino que requieren de "emociones políticas" fundadas en el amor y la compasión. De este modo, el amor se articula como el aglutinante moral que motiva a los ciudadanos a cuidar el bien común, transformando el sentimiento relacional en una fuerza superior orientada a la preservación y reconstrucción del tejido social frente a los obstáculos estructurales.
Así, la bondad y la benevolencia constituyen principios reguladores fundamentales para la preservación de la vida y la articulación de prácticas de convivencia armónica. Desde la filosofía de la alteridad, Levinas (1979) sitúa a la bondad no como un atributo moral secundario, sino como una responsabilidad ética primordial e incondicional ante la vulnerabilidad del Otro, convirtiéndose en el acto fundacional que valora y protege la existencia ajena. En el plano sociológico, Sorokin (1954) conceptualiza estas conductas prosociales mediante el análisis del altruismo creativo, argumentando que la práctica institucionalizada de la bondad funciona como un dispositivo de estabilización social necesario para mitigar el conflicto y asegurar la supervivencia colectiva frente a las crisis estructurales. De este modo, la bondad y la benevolencia trascienden la esfera de lo privado para operar como fuerzas estructurales que dinamizan, sostienen y dignifican las condiciones de la coexistencia.
La “otra” ontología: El ser en el mundo
«Enfoque para comprender las causas del problema»
“Ojalá aprendiéramos a respetarnos y dialogar” es lo que frecuentemente se menciona como estrategia para promover la paz. Pero… ¿y si en el fondo la causa del conflicto fuera las diversas formas de comprender el mundo, las perspectivas y cosmovisiones con que interpretamos la realidad, y no simplemente la forma de tratarnos?
Históricamente, las deliberaciones han caído en el reduccionismo simplista de atribuir los problemas de convivencia únicamente a la falta de tácticas en la interacción personal y social. Esta mirada ignora los problemas estructurales y culturales que, al no reconocer las múltiples formas de habitar y de ser en el mundo, crean barreras que niegan esa pluralidad y la traducen en xenofobia, homotransfobia, aporofobia y misoginia, entre otras posturas violentas que buscan imponer e invocar una única verdad, un único un modo de comprender el mundo, un solo modelo de familia, de gobernar, de expresar la sexualidad, de entender el desarrollo, etc.
Es por eso que al trascender las posturas simplificadas de buenos y malos, de los enfermos y los sanos, de los demonios y los santos, la propuesta desde enfoques restaurativos es reconocernos diferentes, inacabados y imperfectos dentro de una sociedad que no es de nadie y puede ser de todos.
Bajo esta premisa, los estudios de la Noviolencia han escarbado en los presupuestos filosóficos y han señalado la necesidad de insistir en que, más allá de los protocolos y las técnicas, de la construcción de límites y de normas, es fundamental fortalecer una filosofía de la Noviolencia que nos permita vernos como parte de una misma esencia, compartiendo un mismo futuro.
Para superar las visiones reduccionistas que limitan la construcción de paz, esta perspectiva propone una ontología que desafía el esencialismo, el universalismo, el individualismo y la linealidad temporal. Al reconocer que las identidades son fluidas y que la realidad constituye un "pluriverso" de múltiples perspectivas, se abandona la búsqueda de modelos únicos de convivencia en favor de una paz tejida en comunidad, donde el sujeto se comprende como un ser interdependiente con el otro y el entorno. Esta visión permite integrar memorias históricas y procesos de sanación, fundamentando una ética de la diversidad y la restauración que, más allá de normas rígidas, apuesta por un entendimiento dialógico y plural capaz de transformar los conflictos de manera integral.
Ontología relacional
En este propósito han surgido múltiples narrativas que defienden una ontología relacional, como las perspectivas teológicas, el pensamiento decolonial, el ecofeminismo o el pensamiento democrático, entre otros, que señalan la importancia de entendernos interdependientes dentro de un mismo proyecto y futuro compartido.
Por ejemplo, en la perspectiva decolonial de autores como Arturo Escobar (Guzmán, 2020), se nos invita a transitar de la visión del individuo aislado hacia la de un ser interdependiente, no solo con los demás seres humanos, sino con la naturaleza, lo vivo y lo no vivo. Por otro lado, en la teología de la paz, encontramos en nuestro contexto la relevancia del concepto de hermandad cristiana, que invita a sus creyentes a aceptarse y respetarse en comunión como hermanos, hijos de Dios (Rodríguez, 1988). Incluso, las narrativas dentro de marcos democráticos nacionalistas e internacionalistas pueden aportar elementos que fomentan la cooperación y la articulación entre habitantes que comparten un mismo país o cultura.
La clave está en que, desde las ciencias sociales, no se trata de elegir cuál de estas narrativas es la "verdadera" o superior, sino hasta qué punto y de qué manera todas estas visiones pueden coexistir, dialogar y someterse a crítica, asumiendo que son constructos abiertos, para impulsar esta perspectiva integradora y coexistente en la diferencia.
Ontología de la diferencia
Respecto a la ontología de la diferencia, aquí se centra la mirada en crear un espacio conceptual amplio para la existencia. Para Deleuze (2002), la diferencia es una fuerza afirmativa, dinámica y vital que crea realidades nuevas de forma constante. Ante las posturas totalizadoras que pretenden unificar, se argumenta que la diferencia es la naturaleza de la realidad. La realidad es, en sí misma, multiplicidad.
Conceptos hermanos son el de la Transdisciplinariedad de Basarab Nicolescu y la Pluralidad de Hannah Arendt. El primero, Basarab (1996), reconoce la existencia de múltiples niveles de realidad. La "unidad" aquí no es la negación de la diferencia, sino la convergencia de diversas disciplinas y visiones hacia un nivel común: la sostenibilidad de la vida humana. Y para Arendt (2005), desde el concepto de la Pluralidad, somos seres que habitamos un mundo común precisamente porque somos distintos; si fuéramos idénticos, no necesitaríamos el lenguaje ni la política para entendernos.
Ontología eternalista
La percepción convencional del tiempo como una progresión lineal —una flecha que avanza del pasado hacia el futuro— no es la única interpretación posible; diversas teorías físicas sustentan una visión donde el pasado, el presente y el futuro coexisten de manera articulada.
Bajo esta concepción se relativiza la percepción lineal del tiempo y el espacio de los sucesos. Walter Benjamin (1973), en sus Tesis sobre la filosofía de la historia, introduce el concepto de "Tiempo del ahora" (Jetztzeit), acuñando este término como una oposición radical a la visión del historicismo lineal, definida por un "tiempo homogéneo y vacío". Lejos de ser un presente cronológico convencional, “el tiempo del ahora” se manifiesta como un instante de tensiones profundas donde el pasado y el presente convergen en una constelación crítica, abriendo la posibilidad de interrumpir el flujo continuo de la historia.
Walter Benjamin desafía la visión lineal y homogénea de la historia, la cual suele utilizarse para justificar la violencia como un costo necesario del "progreso", proponiendo en su lugar que el pasado permanece abierto y inacabado. Bajo esta óptica, los sufrimientos de generaciones anteriores constituyen una exigencia de justicia que se actualiza en el presente, el cual posee la capacidad de interrumpir el continuo histórico. Así, la reparación no implica alterar los hechos físicos del pasado, sino transformar su carga moral y su significado vigente, dando lugar a una "justicia anamnética" donde la memoria se convierte en el mecanismo fundamental para evitar el olvido y dignificar a las víctimas. (Reyes, 2011)
Ontología del cambio
Esta clasificación ontológica aborda la pregunta por la naturaleza última de la realidad, contraponiendo el paradigma sustancialista a uno basado en el devenir. El paradigma sustancialista, con raíces en el pensamiento de Platón, Aristoteles y Aquino bajo el concepto del esencialismo, postula que la realidad se compone de esencias fijas e inmutables. En esta visión, las cosas son lo que son en virtud de una naturaleza interna y permanente, mientras que el cambio es degradado a una mera apariencia o imperfección.
En contraste, las ontologías del devenir y la diferencia —representadas por Gilles Deleuze y Alfred North Whitehead— ofrecen una alternativa radical. Deleuze (1968), en su obra Diferencia y Repetición, rechaza la concepción esencialista de la ontología asociada a la metafísica de la sustancia, proponiendo en su lugar una filosofía donde la diferencia y el devenir son fuerzas positivas y creadoras que constituyen la realidad.
Por su parte, Whitehead (1978) elabora una ontología "no-sustancialista" en el marco de su "filosofía del proceso", en la que nociones como proceso ocupan el lugar de la tradicional estructura "sustancia-atributo" como elementos ontológicos últimos. Es decir, afirma que la realidad no se compone de sustancias estáticas, sino de "entidades actuales" que son "gotas de experiencia" en constante devenir.
El modelo ontológico basado en el estatismo sustenta una visión cosificada que solemos aceptar como realidad sin cuestionarla. Es imperativo problematizar la idea de que lo auténtico —aquello que "es"— se encuentra estático o terminado. Por el contrario, en esta ontología del cambio la realidad "está siendo"; es un proceso inacabado, en constante evolución y con dimensiones siempre por adquirir.
Fundamentalmente, su continuidad y dinamismo revelan que todo progresa y se transforma; en otros términos, todo posee vida. Todo está vivo. Como lo dice Bergson (1973), la realidad fundamental es la "duración" (durée), un flujo continuo y heterogéneo que no puede ser capturado por el intelecto estático. La vida es un impulso creativo (élan vital) que se despliega en el tiempo, haciendo que la realidad esté en perpetua evolución y creación de lo nuevo.
Concebir la paz bajo el prisma de la continuidad vital despliega un horizonte de posibilidades, transformaciones y cambios, situándonos como agentes conscientes y corresponsables del porvenir. En este sentido, dejamos de ser víctimas eternas y destinatarios pasivos de conocimientos y normas para convertirnos en cocreadores de una existencia que se genera a sí misma. Como plantean Humberto Maturana y Francisco Varela (1972), los organismos vivos operan como sistemas autopoiéticos: redes procesales en constante autoproducción, mantenimiento y reparación.
Espiritualidades diversas y pensamiento crítico.
«Enfoque para trascender el problema»
Espiritualidades diversas y pensamiento crítico.
Respecto al trasfondo espiritual que sostiene el actuar de las personas, la filosofía de la Noviolencia no desiste en el intento de incorporarlo, aun cuando este se mantenga oculto, y esquivo operando tras bambalinas en los procesos de nuestra mente.
En las perspectivas espirituales encontramos una invitación constante a la reflexión y a la búsqueda de respuestas que, aunque metafísicas y transitorias, actúan como un estímulo que nos seduce a través de la curiosidad por descubrir lo que subyace tras las apariencias (Weil, 2014). Nos impulsan a trascender, a otorgar sentido y a buscar un suelo firme para nuestras ideas; un sentido fiable y lógico que nos permita sentirnos coherentes, creando una conexión vital entre nuestros pasos y la lontananza del paisaje que vislumbramos y al que pretendemos llegar.
Estas perspectivas espirituales se componen de múltiples interrogantes que nos permiten configurar el escenario de la vida y dar forma a las diversas facetas del pensamiento. Nos ayudan a comprender la realidad que habitamos, planteando cuestiones difíciles de unificar en una sola teoría. A menudo, estas son creencias o respuestas inconscientes que adoptamos de manera directa: ¿Qué es el tiempo? ¿Tenemos libre albedrío? ¿Tiene sentido de la vida? ¿Cuál es el propósito de la maldad? ¿La vida es justa? etc. Todas estas comprensiones nos interpelan y nos ubican ante dilemas fundamentales, invitándonos a tomar una postura.
De acuerdo con el filósofo Charles Taylor (1989), existe un vínculo causal donde las narrativas históricas funcionan como fuentes morales; así, los paradigmas de cada era y su moralidad respectiva moldean directamente la ética del actuar humano Nuestras concepciones más íntimas sobre la vida y la realidad, implícitos en nuestra cultura y moral social, configuran un marco lógico que determina cómo debemos actuar.
Aunque estas cuestiones quizá no tengan respuestas definitivas, el simple ejercicio de plantearnos estos horizontes incomprendidos podría contener la clave de nuestros pasos históricos más decisivos. Solemos avanzar sobre ellos de manera inconsciente, pero al formularlos, dejamos entrever destellos de verdad que nos permiten afianzar la convivencia y la preservación de la vida.
Por el contrario, a menudo ignoramos que operamos bajo paradigmas implícitos sobre la realidad. Al renunciar al cuestionamiento de estos modelos que sustentan nuestro mundo, perdemos la capacidad de elegir conscientemente y cambiar el rumbo; aceptamos como verdades inevitables y rara vez intentamos trascender tales apariencias. Por ejemplo ¿qué consecuencias tiene el convencimiento de que en la vida prevalece el caos sobre el orden, o la idea de que la existencia debería seguir un curso distinto? ¿Qué sucede cuando interpretamos nuestro pasado como un error fatal, o percibimos nuestra propia naturaleza y la vida misma como simples fallos de la naturaleza?
Lo interesante aquí es que, en esa pregunta que indaga, en esa actitud de trascendencia, en ese interés de develar lo aparente, es donde podría residir un elemento clave de la potencia humana para superar la dificultad, para ver posible en lo imposible, para imaginar lo común en lo que en un momento fue totalmente diferente, en ver la paz donde hay tantas razones para eliminarnos mutuamente y hacer la guerra.
Pensamiento crítico y humildad epistémica
Quizás la propuesta de habitar el misterio y la incertidumbre sea un tanto contradictoria cuando el reto es aprender a convivir y comprender la realidad, pero es así, este es uno de los principios fundamentales para tal objetivo. En términos filosóficos, actuar con humildad epistémica no es la renuncia a buscar la verdad, sino la acceptance de que la verdad es un proceso inacabado. En términos de Jean-Luc Marion desde la Fenomenología de la Donación, nos dice que la reality es un "fenómeno saturado", algo que supera nuestra capacidad de aprehensión. Buscamos soberbia y torpemente "atrapar" la verdad, medirla, meterla en un laboratorio o definirla con un concepto cerrado. Pero la verdad no se posee, se recibe. La realidad, es tan vasta, tan inconmensurable que debemos tratarla como un don como un presente. Proponer la incertidumbre no es renuncia radical, sino humildad ante el "misterio" del ser. (Marion, 2008)
Bajo esta óptica escéptica y humilde se sitúa también el Perspectivismo, una tesis filosófica que cuestiona la existencia de verdades o conocimientos de carácter absoluto. Esta postura plantea que cualquier aproximación a la realidad está intrínsecamente ligada al punto de vista, la labor interpretativa y el entorno específico del observador. En el marco del raciovitalismo, Ortega y Gasset (2021), ilustraba esta idea mediante la analogía de un diamante de múltiples caras: la "circunstancia" de cada sujeto —definida por su tiempo, espacio y experiencia vital— le permite apreciar únicamente una de las facetas de la gema, ofreciendo así una perspectiva única pero parcial de la realidad total.
Los conceptos de ética apofática y moral negativa permiten comprender este vacío de verdad como un espacio de edificación colectiva. Estas perspectiva sostiene que, ante la extrema complejidad y el potencial carácter violento de intentar establecer un consenso universal sobre el «bien absoluto» o una verdad única, resulta más intuitivo y universal reconocer aquellas acciones que son intolerables, tales como la tortura, la violencia o la humillación. Este planteamiento elude la imposición dogmática de comportamientos ideales para enfocarse, en cambio, en la detección precisa de acciones intrínsecamente perjudiciales.
Theodor Adorno (2005), en su tratado Dialéctica Negativa, -por ejemplo- argumenta que el trauma histórico de Auschwitz invalida cualquier intento de conceptualizar la "vida buena" bajo términos positivos. Según su perspectiva, la imposición de modelos ideales conlleva el peligro intrínseco de derivar en falsedades o estructuras totalitarias. Por consiguiente, la única praxis ética viable radica en la denuncia constante del padecimiento y en la oposición a la falsa conciencia. En este marco, la plenitud vital no se define de forma directa, sino que emerge por vía negativa: a través del contraste generado al reconocer y rechazar aquello que aniquila la condición humana.
En términos sencillos, un pilar fundamental para la edificación de la paz y el bienestar integral es el abandono de la pretensión de poseer una verdad absoluta; esta renuncia permite una apertura genuina hacia el aprendizaje y el desarrollo continuo. Es cambiar el objetivo de un consenso sobre un "bien" universal por establecer certezas desde una perspectiva negativa, enfocándonos en aquello que no cause daño. Un ejemplo claro de esto son los Derechos Humanos, los cuales operan bajo una lógica apofática al definir límites precisos sobre lo que no se le puede hacer a un individuo, tales como la prohibición de la tortura, la censura o la esclavitud.
Gadamer (1997) desarrolla el concepto de «fusión de horizontes». En lugar de buscar una verdad esencial común, plantea que el entendimiento ocurre cuando los horizontes de dos sujetos se encuentran . Así, la paz no nace de «ser lo mismo» ni de imponer verdades, sino de la capacidad de ampliar el propio horizonte al incluir la perspectiva del otro sin anularla.
Referencias bibliográficas
Adorno, T. W. (2005). Dialéctica negativa (J. M. Ripalda, Trad.). Akal. (Obra original publicada en 1966).
Arendt, H. (2005). La condición humana. Paidós. (Obra original publicada en 1958).
Benjamin, W. (1973). Tesis de filosofía de la historia. En Discursos interrumpidos I (J. Aguirre, Trad., pp. 175-191). Taurus.
Bergson, H. (1973). La evolución creadora (M. A. Martínez, Trad.). Espasa-Calpe.
Deleuze, G. (2002). Diferencia y repetición. Amorrortu Editores. (Obra original publicada en 1968).
Fromm, E. (1956). El arte de amar [The art of loving]. Harper & Row.
Gadamer, H.-G. (1997). Verdad y método. Sígueme. (Obra original publicada en 1960).
Galtung, J. (2007). Introducción: La paz mediante la transformación pacífica y noviolenta de conflictos: el enfoque TRANSCEND. En Manual de estudios sobre la paz y el conflicto (pp. 14-32). Routledge.
Gilligan, C. (1995). Orientación moral y desarrollo moral [1987]. En Justicia y cuidado (pp. 31-46). Routledge.
Guzmán, D. A. D. (2020). Del giro ontológico a la ontología relacional y política, una mirada a la propuesta de Arturo Escobar. Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 41(123), 99-122.
Honneth, A. (1995). La lucha por el reconocimiento: La gramática moral de los conflictos sociales [The struggle for recognition: The moral grammar of social conflicts]. Polity Press.
Lederach, J. P. (2007). La imaginación moral: El arte y el alma de la construcción de la paz. Bakun. (Obra original publicada en 2005).
Levinas, E. (1979). Totalidad e infinito: un ensayo sobre la exterioridad (Vol. 1). Springer Science & Business Media.
Madrid, R. (2008). Hacia una ética de la responsabilidad: Derrida y el otro por venir en Levinas. Sapientia, 63(223), 105-141.
Marion, J.-L. (2008). El fenómeno saturado. Encuentro.
Maturana, H. R., y Varela, F. J. (1972). De máquinas y seres vivos: Una teoría sobre la organización biológica. Editorial Universitaria.
Nicolescu, B. (1996). La transdisciplinariedad: manifiesto. Multiversidad Mundo Real Edgar Morin.
Nussbaum, M. C. (2013). Emociones políticas: ¿Por qué el amor es importante para la justicia? [Political emotions: Why love matters for justice]. Harvard University Press.
Ortega y Gasset, J. (2021). El tema de nuestro tiempo. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1923).
Reyes Mate, M. (2011). Tratado de la injusticia. Anthropos.
Rodríguez, V. (1988). Teología de la paz. Verbo, (251-252), 7-39.
Sharp, G. (2005). La lucha noviolenta [Waging nonviolent struggle]. Porter Sargent.
Sorokin, P. A. (1954). Las formas y el poder del amor: Tipos, factores y técnicas de transformación moral [The ways and power of love: Types, factors, and techniques of moral transformation]. Beacon Press.
Taylor, C. (1989). Fuentes del yo [Sources of the self]. Cambridge University Press.
Walgrave, L. (2013). Justicia restaurativa, interés propio y ciudadanía responsable [Restorative justice, self-interest and responsible citizenship]. Willan.
Waldenfels, B. (1998, enero). La pregunta por lo extraño. En Logos: Anales del Seminario de Metafísica (Vol. 1, pp. 85-98). Ediciones Complutense.
Weil, S. (2014). Echar raíces (J. R. Capella, Trad.). Trotta.
Whitehead, A. N. (1978). El proceso y la realidad: un ensayo de cosmología [Process and Reality: An Essay in Cosmology].
Zehr, H. (2015). El pequeño libro de la justicia restaurativa [The little book of restorative justice]. Simon and Schuster.
Encuentro de Prácticas Restaurativas y Saberes Noviolentos
Tejiendo éticas y espiritualidades para la paz
Contacto
Contacto@educacionInterior.com
2026-2027
Cali - Santander de Quilichao / Colombia/ Abya Yala / América Latina
© 2026 EncuentroRestaurativo.com
