

Justificación
Esta perspectiva no solo es necesaria: se ha vuelto urgente y preciada. En un tiempo sin consensos, donde la lógica retaliatoria se disfraza de única razón, la polaridad violenta nos exige otras formas de entender la vida. No desarticuladas, sino entrelazadas. Formas que den cabida al adversario, al distinto, al conflicto, a la benevolencia. Perspectivas holísticas, integrales, que busquen un sentido trascendente para sobrellevar las adversidades —las íntimas, las relacionales, las colectivas— y que, al reconocer la fragilidad, tejan la conexión.
El espacio busca fortalecer las perspectivas profundas de la paz para debatir sobre el desarrollo, el bienestar y la convivencia en la región. Desde estas ópticas, adquieren relevancia aspectos como la concepción que tenemos del otro, la forma en que entendemos los conflictos, cómo asumimos nuestro propio papel en la vida e incluso las mismas concepciones que tenemos de ella.
La violencia, entendida como una crisis de sentido o un choque de ellos, plantea una forma distinta de abordar el problema de la paz. No se trata de un juego de poder entre buenos y malos, ni de meros fallos en la comunicación. Por el contrario, los conflictos nos revelan las diferencias profundas en la manera de entender el mundo, nuestro lugar en él y nuestra disposición para transformarlo. Esta perspectiva integral nos ofrece un enfoque alternativo para enfrentar los conflictos: comprender el futuro, los límites de nuestras pretensiones de verdad, nuestra disposición al cambio y otros conceptos clave que estructuran la interpretación de la realidad y la construcción de las sociedades.
¿Debemos respetar una interconexión predeterminada con otras personas, nuestro pasado y el entorno, o somos seres independientes, desconectados, y por ende, totalmente libres y responsables? ¿Podría la respuesta ser una combinación de ambas posturas y, si es así, cuál es el límite?
El encuentro busca conocer, visibilizar y articular, actores, saberes y experiencias que recrean estas perspectivas y discusiones en clave de las problemáticas territoriales, educativas y relacionales, y plantean formas alternativas para superar los espirales de violencias en las que estamos inmersos.
Quizás en el equilibrio, siempre inestable y siempre por reencontrar, entre lo individual y lo comunitario, entre lo indeterminado y lo estructurado, descansa una armonía sutil que cada momento de la historia nos demanda comprender de nuevo. Porque antes de esta perspectiva individual—y más allá de ella— existe también la conexión, la interconexión profunda con el todo, con la naturaleza que teje la vida. Esa trama universal nos habla de una interdependencia radical. Pero desde este mundo moderno y secular, ¿cómo entenderla? ¿cómo validarla? ¿cómo medirla? ¿cómo integrarla? ¿Cómo ponerla en equilibrio con la autonomía del ser, con esa vocación de libertad que nos constituye como sujetos?
Precisamente en torno a estas preguntas giran las discusiones que subyacen a las nuevas perspectivas emergentes: el ecofeminismo, las teorías decoloniales, las filosofías de la Noviolencia y la restauración, entre otras. Todas ellas buscan, cada una a su manera, aportar desde el lado sensible, relacional, compasivo y respetuoso, acercarnos a esa filosofía perenne que aboga por un equilibrio que nos permita mirar hacia el cielo —ese cielo que es a la vez horizonte y abismo— y obtener mayores claridades sobre nuestra existencia, la comprensión de nuestra realidad y así poder caminar hacia adelante, con la convicción de que nuestros pasos van el sentido correcto.
Se trata de articular una dimensión intrínseca de la vida, de la cual la humanidad forma parte sin privilegio ni excepción. Una dimensión que se fundamenta en una perspectiva ética que abraza la complejidad y el misterio desde la humildad epistemológica, asumiendo la responsabilidad ante la paz y el desarrollo humano mediante una ética del cuidado y la transformación noviolenta de las realidades sociales.
¿Cómo construir con los demás cuando la bondad es tratada como una debilidad?
La retórica sobre la paz resulta insuficiente cuando carece de cimientos en la convicción individual y colectiva; la existencia de marcos y de procesos normativos justos no garantiza la justicia si los sujetos carecen de una voluntad ética para ejercerla. Esta iniciativa de espacios académicos y culturales propone un lugar para reivindicar la ética compasiva, la espiritualidad y el sentido de trascendencia como ejes de la transformación social.
OBJETIVOS
Objetivo General:
Fortalecer la perspectiva de la Noviolencia y la restauración, materializado en un programa de eventos académicos y culturales participativos que tejan un diálogo horizontal entre éticas, espiritualidades y saberes diversos; con el fin de ampliar y transformar las comprensiones predominantes sobre el desarrollo, el bienestar y la convivencia, e impulsar redes y prácticas con incidencia efectiva en el tejido social
Objetivos específicos:
Contribuir al desarrollo y difusión de saberes —académicos, ancestrales y populares— que promuevan la paz desde enfoques restaurativos y noviolentos.
Visibilizar y retroalimentar experiencias y prácticas sociales que promuevan la construcción de paz y la educación social desde perspectivas éticas y compasivas.
3.Fomentar la creación y el fortalecimiento de redes regionales que impulsen una cultura de la Noviolencia.



Conoce los fundamentos teóricos
Encuentro de Prácticas Restaurativas y Saberes Noviolentos
Tejiendo éticas y espiritualidades para la paz
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